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lunes, 15 de febrero de 2010

Aprendiste el fracaso

Que la vida es la guerra lo aprendiste
al ver cómo tu padre agonizaba
a lo lejos, en brazos de un amigo
que lo ayudaba a resignarse a bien morir.
Heredaste su espada y aquel extraño gusto
por los libros antiguos y por esas historias
que cantaban los hombres al calor de la lumbre.
Heredaste, además, un reino sin monarca,
esa mirada altiva ante la muerte
y el desprecio a las bestias
que viven fuera de los límites de Alanda.
Que la vida es injusta lo aprendiste
cuando cayó la losa del poder
sobre tu espalda tierna e inexperta
y cuando ya no eras para nadie
la princesa sin reino
que disfrutaba de los prados verdes
y los atardeceres en las montañas grises.
Que la vida es luchar contra el fracaso
y el desaliento lo aprendiste
cuando el linaje de los hombres levantaba
el peso de una espada cuyo filo
era la historia de la sangre noble
de los pueblos magnánimos y heroicos.
Aprendiste el fracaso
cuando los generales de tu ejército
te pedían perdón por la derrota.

jueves, 31 de diciembre de 2009

La derrota

Sabrás desde palacio que se ha cargado el aire
de la sangre y las lágrimas de los hombres valientes
y de la podredumbre de las bestias infestas.
Verás brillar los filos de las espadas nobles,
opacamente, en tus almenas destruidas
y sufrirás con todos la derrota.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Los hombres-árbol

El sol muy lentamente se levanta
sobre las copas de los árboles que un día
fueron hombres sedientos
de templanza, quietud, paciencia, olvido.
Cuentan los cantos más antiguos
su andar cansino por el bosque,
sus pasos lentos y pausados,
sus almas contemplando el cielo y las estrellas
en noches quietas de verano inmenso,
sus caras en los días últimos
cuando ya estaba decidido
el adiós último y el abandono.
Necesitaban menos cada vez
para existir y se pasaban horas
sintiendo simplemente el aire fresco
recorriendo su cuerpo que bullía,
quietos, plantados en el suelo,
y haciéndose, en silencio, amigos
de los hermosos árboles de todos
los colores y todas las edades y alturas.
Con el tiempo estos hombres
-cantan los cantos que cantaban los abuelos
de los primeros pobladores de estas tierras-
dejaron de ser hombre y fueron árboles
esbeltos, vivos, altos, hacia el cielo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Cuando crezcas sabrás

Cuando crezcas sabrás del odio y la venganza
del miserable lisonjero y dócil.
Sabrás de las desdichas que se ocultan
en las habitaciones de palacio
y el desconsuelo unido
a la belleza y a la soledad.
Cuando crezcas, princesa, serás la reina
de todos estos seres que te admiran:
de los hombres del bosque
y de los árboles que danzan
al son del viento,
de los que permanecen encerrados
en las esferas mágicas de vidrio,
de las hadas del mundo
-malas y buenas-.
Cuando crezcas, princesa, lucharás con desvelo
para limpiar de monstruos tus dominios,
de miedo el corazón de tus hermanos
y de maldad el rostro de las brujas.
Los sinsabores serán mil desgracias
y mil los soles apagados en tu seno,
mil veces rotas en pedazos
todas tus esperanzas de calma, de sosiego,
mil las traiciones, mil las emboscadas
y mil las lágrimas que viertas a escondidas.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Volver a empezar

Llegarás desde tierras muy lejanas

cantando las canciones de lugares

hermosos y remotos,

hablando de esos bosques enigmáticos

poblados por los árboles

desde el comienzo de los tiempos,

contando las hazañas de los héroes

que vencieron en guerras con nobleza

y con casta y salvaron de las llamas

pueblos enteros con sus gentes.

Llegarás acordándote en silencio

de las noches de estrella en descampados

inmensos, cuando apenas te tapaba

el leve velo de la noche quieta,

de las historias en la hoguera roja

y de la espera incierta del nuevo amanecer.

Y llegarás, aquí, con la experiencia a cuestas

de tus años vagando por el mundo

y sonreirás al ver el gesto entusiasmado

del niño que imagina mientras juega

su porvenir celeste...

y entonces todo empezará de nuevo.