sábado, 14 de noviembre de 2009

Los hombres-árbol

El sol muy lentamente se levanta
sobre las copas de los árboles que un día
fueron hombres sedientos
de templanza, quietud, paciencia, olvido.
Cuentan los cantos más antiguos
su andar cansino por el bosque,
sus pasos lentos y pausados,
sus almas contemplando el cielo y las estrellas
en noches quietas de verano inmenso,
sus caras en los días últimos
cuando ya estaba decidido
el adiós último y el abandono.
Necesitaban menos cada vez
para existir y se pasaban horas
sintiendo simplemente el aire fresco
recorriendo su cuerpo que bullía,
quietos, plantados en el suelo,
y haciéndose, en silencio, amigos
de los hermosos árboles de todos
los colores y todas las edades y alturas.
Con el tiempo estos hombres
-cantan los cantos que cantaban los abuelos
de los primeros pobladores de estas tierras-
dejaron de ser hombre y fueron árboles
esbeltos, vivos, altos, hacia el cielo.

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