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sábado, 21 de agosto de 2010

El deseo

Se cifraban en ti todas las formas
del deseo. No eras nada mío
y ya saboreaba cada trozo
de tu piel ofrecida, como nuevos

dones de un paraíso terrenal.
Con avidez sorbía cada parte
de tus adolescentes labios tímidos,
despreocupados por la turbación ajena.

Eras un cuerpo joven que esperaba
dispuesto a despertar a los placeres
cuando una mano diestra lo pidiese.

Eras una tristeza en la mirada lánguida,
un estar y no estar pasando por la vida
como una flor abandonada y digna.

jueves, 19 de noviembre de 2009

El adiós

Sonó como un paréntesis en blanco
el timbre recio y crudo de tu lengua,
relámpago y catástrofe, en mi oído.

El adiós es un número tremendo
de equilibrista temerario
que salta hacia el futuro sin redes que lo salven.

Sonó a congoja en mi costado roto,
a un enredo de cuerdas en mi garganta abierta,
a ceniza en los bordes de mis labios
y, en los ojos, a mar intenso y seco.

Los adioses no entienden de festivo
ni de domingo, ni de amores testarudos.
Tan solo saben de acabar con el pasado,
con la memoria y el sabor de los amantes.

viernes, 6 de noviembre de 2009

La flor de los almendros

Eres un manantial que fluye
con tus caderas blancas y tus muslos
de ajenjo y de jengibres orientales.

Eres la flor de los almendros,
la lluvia fresca sobre los jazmines
en una noche inmensa del estío.

Eres el caldo dulce de la uva
y el agua helada de los cántaros;
eres esbelta, grácil y liviana
como la bíblica gacela.

Eres la sombra que persigo, el aire
que aspiro mientras busco tu silueta
perdida entre la gente, aislada en el tumulto.

Eres el manantial que me ha bebido.