viernes, 7 de junio de 2013

La carne de gallina

LA COPLA

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

Cantares, Manuel Machado



Los que se pasan la vida entretenidos con el juego de las palabras luchan casi siempre por encontrar expresiones certeras para hablar del sentimiento del amor, del miedo, del fracaso... por encontrar, en definitiva una metáfora que perdure y que contenga los valores poéticos que descubrieron, por ejemplo, aquellos que se sentían atraídos por la magia de la luna. Borges, a quien tanto acusaron de repetirse, decía que sólo existen unas cuantas metáforas válidas y él, quizá, no inventaría ninguna. Hay poetas vanidosos, por el contrario, que se enorgullecen de componer sus versos asentándolos en una metáfora tras otra, que atribuyen su mérito a la oscuridad de sus poemas y que, a menudo, remueven el fondo para enturbiar las aguas. La naturalidad no va con ellos, el escribo como hablo de Valdés, tampoco. Prefieren denominarse escritores barroquizantes o intelectuales o, algo mucho peor, poetas para la élite, para la minoría. Habitualmente los ropajes ostentosos ocultan algún tipo de trampa.
Yo, que aún no sé si puedo llamarme poeta, ya estoy buscando un adjetivo calificativo, por si alguien, en una entrevista me pide que me defina. Para no decir ninguna tontería hay que tener una buena respuesta preparada. A veces me dan ganas de añadir "del silencio" y, después, callarme durante una temporada o para siempre, como hizo Rimbaud. Otras veces preferiría encuadrarme dentro del grupo de los "pictóricos", de manera que una buena fotografía disimule los errores métricos y lo insípido de los contenidos. Cuando estoy de buen humor me autodenominaría poeta "de la experiencia", aunque creo que todavía tengo muy poca y soy, a veces, tan inocente que me la dan con queso. En fin, que me planteo incluso, cuando no me sale nada, convertirme en un poeta oscuro de élite para la élite, pero para la élite élite, para muy poca gente, para prácticamente nadie, vamos para mí y algún otro incauto amigo mío que se crea las interpretaciones peregrinas que hago de mis propios poemas.
En realidad, me gustaría crear metáforas o comparaciones como las que no tienen autor conocido, como las que han dejado de pertenecer a un escritor y han pasado a formar parte del acervo popular. No sé a quién se le ocurriría, por primera vez, referirse al reflejo pilomotor como ponerse la carne de gallina, pero os aseguro que fue un verdadero genio de la poesía.

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